Los hongos podrían complicar el futuro de la Antártida

Un continente que empieza a cambiar de color

Antártida sigue siendo, por mucho, el continente más frío y seco del planeta, pero ya no es exactamente el mismo lugar que hace unas décadas. Hoy, apenas alrededor del 0.4% de su superficie está libre de nieve y hielo, y en esa pequeña franja sobreviven dos especies de plantas con flor, además de musgos, hepáticas y líquenes que están adaptados a condiciones muy duras. El nuevo estudio que dio pie a esta noticia apunta a un problema menos visible que el deshielo: a medida que el suelo queda expuesto, también lo hace a hongos del suelo capaces de enfermar a esas plantas.

La advertencia no llega sola. En los últimos años, observaciones satelitales mostraron que la vegetación en la Península Antártica creció más de diez veces entre 1986 y 2021, pasando de 0.863 km² a 11.947 km². Ese avance se aceleró especialmente entre 2016 y 2021, lo que confirma que el “verdor” antártico no es una sensación: está medido, mapeado y creciendo más rápido que antes. La pregunta ahora es qué pasa cuando ese nuevo terreno no solo lo ocupan musgos y líquenes, sino también hongos que les complican la vida.

El suelo que aparece bajo el deshielo

El punto de partida del estudio es bastante directo: cuando el hielo retrocede, aparecen suelos nuevos. Eso abre espacio para la colonización de plantas, pero también cambia por completo el ecosistema subterráneo. En la Antártida, esa dinámica importa más que en casi cualquier otro lugar, porque la vida terrestre ya vive al límite. Los investigadores de British Antarctic Survey recuerdan que en la región marítima antártica las plantas pueden pasar hasta ocho meses cubiertas de nieve, así que cualquier cambio en temperatura o humedad puede alterar mucho su crecimiento.

Ese deshielo no actúa como un simple “plus” de espacio. La misma superficie que puede servir de refugio para una planta también puede convertirse en un campo abierto para microorganismos oportunistas. El trabajo publicado en Global Change Biology parte de una idea: si el clima se suaviza, no solo cambian las condiciones para las plantas, también lo hacen para los hongos que viven en el suelo y que, en muchos casos, estaban frenados por el frío extremo.

¿Cómo se midió el problema sin adivinar nada?

Para no quedarse en una intuición general, el equipo analizó más de 50 muestras de suelo tomadas a lo largo de un transecto de 1,900 kilómetros que va desde el sur de Chile, pasando por islas antárticas, hasta la Península Antártica. El método central fue la DNA metabarcoding, una técnica que permite identificar muchas especies a partir de fragmentos pequeñísimos de ADN presentes en una muestra de suelo, agua o aire. Después aplicaron modelos estadísticos, incluida regresión LASSO, para ver qué variables climáticas explicaban mejor la riqueza y abundancia de hongos.

La respuesta más clara fue que la temperatura media anual del aire fue el mejor predictor de los hongos del suelo asociados con enfermedades en plantas y animales. En términos simples: cuanto más cálido el sitio, más hongos patógenos encontraron. El artículo científico reporta que, bajo los escenarios de emisiones más altas, la riqueza y la abundancia de hongos fitopatógenos en el sur de la Antártida marítima podrían aproximadamente duplicarse entre 2071 y 2100. Bajo el escenario de bajas emisiones, en cambio, el efecto sería mínimo.

¿Qué hongos preocupan de verdad?

Aquí no se trata de “hongos malos” en sentido genérico, sino de grupos concretos que atacan plantas de formas distintas. El estudio encontró una asociación fuerte entre el aumento de temperatura y hongos pertenecientes a géneros que pueden causar mohos grises, necrosis del tallo, tizones, costras y manchas en las hojas. En un ambiente donde las plantas ya crecen lento y tienen poca defensa, ese tipo de enfermedades puede frenar la expansión de musgos, hepáticas y otras especies que empiezan a colonizar los nuevos suelos.

La alerta no se limita a las plantas. El comunicado del British Antarctic Survey también señala que un patógeno llamado Beauveria, que afecta a invertebrados, podría aumentar en suelos más cálidos. Eso importa porque los invertebrados son el grupo más abundante y diverso de animales terrestres en la Antártida. El trabajo, además, recuerda que el sistema puede ser muy sensible: la introducción de una sola especie nueva de hongo en un ambiente tan aislado y con plantas poco expuestas a patógenos podría tener efectos desproporcionados.

¿Por qué la Antártida es tan vulnerable?

En la mayor parte del planeta, las plantas conviven desde hace millones de años con hongos, bacterias y otros patógenos. En la Antártida, en cambio, ese “entrenamiento evolutivo” es mucho más limitado. El propio Science News subraya que, aunque el suelo antártico alberga hongos patógenos de plantas, su presencia actual es relativamente baja en las zonas más australes del estudio. Por eso, una duplicación no necesariamente significa pasar de “muchos” a “demasiados”, pero sí puede marcar la diferencia entre una comunidad vegetal que logra expandirse y otra que se queda atascada.

Además, la apertura del continente no depende solo del clima. El papel humano también cuenta. Kevin Newsham, autor principal del estudio, advierte que nuevos patógenos pueden llegar a la Antártida por actividades científicas, turismo o transporte aéreo y marítimo, y que una vez dentro pueden propagarse con facilidad. Es una idea conocida en otros ecosistemas: el Science News recuerda ejemplos como el tizón del castaño en Norteamérica, la grafiosis del olmo en Europa y patógenos que devastaron bosques de eucalipto en Australia.

No todos los escenarios climáticos llevan al mismo futuro

El aspecto más útil del estudio es que no pinta un futuro único e inevitable. Bajo el escenario de bajas emisiones, alineado con las metas internacionales para limitar el calentamiento global, los cambios proyectados sobre estas comunidades fúngicas serían pequeños. En cambio, con escenarios de emisiones medias-altas y altas como SSP3-7.0 y SSP5-8.5. El calentamiento de la región podría ser suficiente para empujar a esos hongos a expandirse con fuerza. El trabajo estima subidas de 4 a 5 °C en la temperatura media anual del aire en Chile y la Antártida durante las próximas siete décadas si esas trayectorias continúan.

La Antártida sí se está volviendo más apta para la vida vegetal en algunas zonas, pero ese proceso no ocurre en un terreno limpio. También aumenta la probabilidad de que los hongos del suelo acompañen ese cambio y dificulten la expansión de las plantas. En vez de una simple historia de “más calor = más verde”, lo que aparece es algo más realista: un continente que se abre poco a poco, mientras sus nuevos ecosistemas entran en una pelea silenciosa entre colonización vegetal y presión microbiana.

Referencias

  • British Antarctic Survey. “Climate change could double plant-harming fungi in Antarctica by end of century.” 12 May 2026. Click para ver
  • Science News. “Antarctic plants may face a growing fungal threat from warming soils.” 19 May 2026. Click para ver
  • British Antarctic Survey. “Satellite observations show accelerating greening of Antarctic Peninsula.” 4 Oct 2024. Click para ver

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