Telescopio GTM
Telescopio GTM

El Universo Invisible: Cómo la ciencia mexicana “ve” en la oscuridad total del Cosmos.

Nuestros ojos son ciegos a casi todo lo que sucede en el cosmos. El ser humano solo percibe una minúscula fracción de la radiación de la naturaleza: la luz visible. Sin embargo, el espectro electromagnético es gigantesco; fenómenos como los rayos X, las microondas o la radiación infrarroja nos rodean constantemente en frecuencias que nuestra biología no puede registrar.

Esta infografía ilustra el espectro de la energía electromagnética, destacando específicamente las porciones detectadas por los telescopios espaciales Hubble, Spitzer y James Webb de la NASA. La porción del espectro marcada como “visible”, con los colores del arcoíris, es lo que los humanos detectamos como luz visible. Créditos: NASA, ESA, CSA, Joseph Olmsted (STScI)

El cosmos en un balón de fútbol

Dimensionar las distancias espaciales es complejo. Para facilitarlo y aprovechando que estamos en temporada mundialista, imaginemos que toda nuestra galaxia, la Vía Láctea, cabe dentro de un balón de fútbol.

Bajo esta escala, las estrellas que el ojo humano alcanza a ver a simple vista en una noche oscura ocuparían una esfera de apenas 6 milímetros dentro del balón. Andrómeda, la galaxia vecina, sería otro balón situado a 6 metros de distancia. Pero al mirar el universo profundo con telescopios de última generación, la escala se vuelve kilométrica: las galaxias más lejanas detectadas por la humanidad se ubicarían a distancias de entre 56 y 63 kilómetros. Es en esa lejanía donde el universo primitivo esconde sus mayores secretos.

Analogía de escalas del universo con el balón de futbol. Imagen generada con Inteligencia Artificial

El problema del polvo y la solución milimétrica

Para explorar esos confines, los astrónomos deben vencer al “polvo cósmico”. Las estrellas nacen dentro de densas nubes de gas y polvo que actúan como un muro de niebla, absorbiendo por completo la luz visible e impidiendo que los telescopios ópticos tradicionales las fotografíen.

Sin embargo, al absorber esta energía, el polvo se calienta ligeramente y emite su propia radiación en forma de ondas milimétricas. Así como la policía usa cámaras infrarrojas para ver cuerpos calientes en la oscuridad, los astrónomos necesitan telescopios milimétricos para captar el calor de las incubadoras estelares a través del polvo.

Para captar esta esquiva radiación fría se construyó en Puebla el Gran Telescopio Milimétrico (GTM) “Alfonso Serrano”, ubicado a 4,600 metros sobre el nivel del mar para evitar que el vapor de agua de la atmósfera absorba las señales espaciales. Su colosal antena de 50 metros de diámetro funciona como un espejo gigante que recolecta ondas de luz de entre 1 y 3 milímetros. En su sala de control no se reciben fotografías, sino datos puros que las computadoras transforman en mapas para revelar dónde y a qué ritmo nacen los astros.

Telescopio GTM
Gran Tlescopio Milimétrico (GTM) “Alfonso Serrano” ubicado en Sierra Negra, en la frontera de los estados de Puebla y Veracruz, a 4600 m de altura. Créditos a quien corresponda.

TolTEC: El salto tecnológico

Durante años, el GTM operó con la cámara AzTEC, que solo tenía 144 detectores y requería hasta 25 horas de exposición para captar una región diminuta del cielo. Hoy, el panorama ha cambiado gracias a TolTEC, una nueva cámara ultrasensible desarrollada por un consorcio internacional liderado científicamente por México.

El tiempo de exposición es crucial en astronomía: al observar objetos tan lejanos y débiles, el telescopio debe ‘mirar’ fijamente por horas para recolectar una señal útil, lo que hace imposible mapear grandes áreas rápidamente.

TolTEC cuenta con 7,300 detectores de nueva generación que captan luz en tres longitudes de onda simultáneamente. Este salto permite mapear en solo 62 horas un área casi cien veces mayor que su predecesora. Para operar, sus detectores se mantienen en un criostato a -272 grados Celsius (un frío más intenso que el del espacio exterior), evitando que la electrónica interfiera con las sutiles señales cósmicas. Su misión actual es realizar un censo masivo para entender cuántas estrellas nacían cuando el universo primitivo apenas dejaba de ser gas caliente.

¿Por qué mirar lo invisible?

Este tipo de tecnología de frontera no se compra en tiendas; se diseña desde cero en laboratorios públicos gracias al talento de investigadores y estudiantes de posgrado.

Mapear el universo invisible reconstruye la historia del enriquecimiento químico del cosmos. Nos permite entender cómo el gas primordial del Big Bang se transformó en los elementos pesados —como el hierro de nuestra sangre o el calcio de nuestros huesos— que hicieron posible la vida, nos permite entender como funciona la formación estelar, como evolucionan las galaxias, en términos generales nos permite entender nuestro inmenso universo. El GTM y la cámara TolTEC son el recordatorio de que México es un protagonista activo en la exploración espacial, ayudando a la humanidad a descubrir, en última instancia, quiénes somos y de dónde venimos.

Como nota adicional ¿sabias que el GTM fue una pieza clave en la histórica captura de las primeras imágenes de agujeros negros (como M87 y Sagitario A*) dentro del proyecto internacional Event Horizon Telescope?

La galaxia del Remolino, M51, es una galaxia espiral situada a 31 millones de años luz de distancia. Destaca por sus atributos de una galaxia espiral típica, incluyendo brazos elegantes y curvos, regiones rosadas de formación estelar y brillantes hilos azules de cúmulos estelares. Créditos:
vdHoeven/NASA/JPL-Caltech/R. Kennicutt (Universidad de Arizona)/DSS

Artículo inspirado por: Mbal. (13 de marzo de 2025). EL UNIVERSO QUE NUESTROS OJOS NO VEN (DRA. ITZIAR ARETXAGA) [Video]. YouTube. http://www.youtube.com/watch?v=4_7x6xqFP2A

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