Eventos astronómicos de Junio 2026 y a que hora verlos.

¡Qué mes nos espera, de verdad! Si pensaban que junio solo traía lluvias y el inicio del verano, déjenme decirles que el cielo nocturno armó su propia agenda y está espectacular. Como siempre digo cuando me pongo a revisar las efemérides con mi hijo —que ya se sabe los nombres de las lunas mejor que yo—, mirar hacia arriba es la forma más barata y fascinante de viajar en el tiempo.

Este mes viene cargadito de conjunciones. Para los que apenas le están agarrando el gusto a esto, una conjunción no es más que una alineación aparente: desde nuestra perspectiva en este pequeño punto azul, dos o más astros se ven muy pegaditos en la bóveda celeste, aunque en la realidad estén separados por millones de kilómetros. Es como cuando ves a dos personas en la calle y parece que se están dando un secreto al oído, pero una está a diez metros de la otra.

Preparen el café (o unos buenos tacos para el frío de la noche), desempolven los binoculares y acompáñenme a revisar el calendario de este mes, porque no tiene desperdicio.

8 de junio: El beso brillante de Venus y Júpiter

Arrancamos con un plato fuerte. Venus y Júpiter son, después de la Luna, los objetos más brillantes que podemos ver a simple vista. Cuando estos dos señores se juntan, el espectáculo está garantizado.

Científicamente, esto es un deleite óptico. Venus, cubierto por esa densa y letal atmósfera de dióxido de carbono que refleja la luz solar como un espejo (lo que los astrónomos llamamos un albedo altísimo), se cruzará visualmente con el gigante gaseoso del sistema solar. Júpiter, con sus más de 140,000 kilómetros de diámetro, se verá un poco más tenue debido a la enorme distancia que nos separa de él, pero la combinación de ambos en el horizonte amaneciendo es una auténtica belleza. Si tienen binoculares a la mano, apunten sin miedo; con un poco de pulso, no solo verán el brillo de Júpiter, sino también a sus cuatro lunas galileanas (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto) alineadas como soldaditos.

10 de junio: La Luna se encuentra con el señor de los anillos

Dos días después, nuestro satélite natural empieza su desfile mensual visitando a Saturno. Esta conjunción es de mis favoritas porque el contraste visual es increíble. La Luna, con sus cráteres y mares de basalto expuestos a la vista, servirá como guía para localizar el punto amarillento y sereno que es Saturno.

A diferencia de las teorías decimonónicas que sugerían que los anillos de Saturno eran estructuras sólidas e inmutables, hoy gracias a misiones como Cassini sabemos que son un dinámico y caótico sistema de miles de millones de fragmentos de hielo y roca, algunos tan pequeños como un grano de arena y otros del tamaño de una casa. Verlos pasar junto a la Luna nos recuerda lo pequeños que somos. Un dato curioso: si intentan ver los anillos con binoculares convencionales, probablemente solo vean a Saturno un poco “estirado”, como una pelota de rugby. Para dividirlos bien, se necesita un telescopio pequeño, pero a simple vista, la postal astronómica es de una elegancia bárbara.

12 de junio: El encuentro con el Dios de la Guerra

El 12 de junio, la Luna continúa su viaje y se estaciona cerca de Marte. Visualmente, este encuentro es una joya por el contraste cromático: el blanco grisáceo de la Luna frente al rojo oxidado del planeta vecino.

Ese tono rojizo de Marte no es un efecto óptico ni magia; es pura química. La superficie marciana está cubierta de óxido de hierro —básicamente, el planeta está oxidado—. Recuerdo que hace años, revisando unos textos antiguos, leía cómo los babilonios asociaban este color con la sangre y la destrucción. Hoy, gracias a los robots que tenemos allá arriba como el Perseverance, sabemos que es un desierto helado y fascinante. Para observar esta conjunción, lo ideal es buscar un horizonte despejado hacia el este antes del amanecer. La Luna estará en una fase delgada, lo que hará que el brillo de Marte resalte muchísimo más.

13 de junio: Una joya cósmica en el fondo: Las Pléyades

Esta noche la Luna nos va a regalar una de las estampas más fotogénicas del año al colocarse muy cerca de las Pléyades, también conocidas como las “Siete Cabritas” o, formalmente en el catálogo Messier, como M45.

Las Pléyades no son solo estrellas al azar; son un cúmulo abierto, una auténtica guardería estelar compuesta por estrellas jóvenes y calientes de un color azul intenso, situadas a unos 440 años luz de nosotros. Históricamente se pensaba, basándose en observaciones de principios del siglo XX, que la nebulosidad que las rodea era el material sobrante de su formación. Sin embargo, estudios astrofísicos más recientes demostraron que no es así: las estrellas simplemente están pasando por casualidad a través de una nube de polvo interestelar particularmente densa en este momento de su viaje alrededor de la galaxia. Ver la silueta de la Luna recortada cerca de este enjambre azulado es una experiencia que paga la desvelada.

14 de junio: El lienzo en blanco de la Luna Nueva

El 14 de junio el cielo se apaga… y eso es una excelente noticia para los que amamos la astronomía profunda. Con la Luna posicionada exactamente entre la Tierra y el Sol, su cara iluminada queda oculta para nosotros, dejándonos una noche completamente oscura.

Aprovechen esta fecha. Olvídense de los planetas por un momento y busquen zonas alejadas de la contaminación lumínica de las ciudades. Es la noche perfecta para intentar localizar objetos de cielo profundo que normalmente el brillo de la Luna nos esconde. Si tienen un telescopio, apunten hacia la constelación de Orión (aunque ya va de salida en esta época) o busquen la Nebulosa de Andrómeda (M31). Sin el estorbo de la luz lunar, el cielo se vuelve tridimensional y profundo.

16 de junio: El gran desfile matutino (Mercurio, Júpiter y Venus)

¡Pongan la alarma temprano porque este día hay que madrugar! Tendremos un alineamiento múltiple precioso. La Luna se unirá a un trío de titanes: Mercurio, Júpiter y Venus.

Mercurio siempre es el rebelde del grupo; al estar tan cerca del Sol, su ventana de observación es diminuta y siempre anda escondiéndose en el resplandor del alba o del crepúsculo. De hecho, el mismísimo Johannes Kepler se quejaba en sus cartas de lo difícil que era observar este escurridizo planeta debido a las brumas del horizonte. Pero este día, con la Luna y los dos planetas más brillantes sirviendo como faros de navegación en el cielo, localizar a Mercurio va a ser mucho más sencillo. Eso sí, busquen un lugar alto o sin edificios ni árboles hacia el este, porque el desfile ocurrirá muy cerca de la línea del horizonte justo antes de que el Sol salga a reclamar el día.

17 de junio: La Luna y la Estrella de la Mañana

Si te perdiste el desfile del día anterior por quedarte dormido (se vale, no juzgo), el 17 de junio tienes una revancha espectacular. La Luna se aproximará de forma exclusiva a Venus.

En la antigüedad, los mayas tenían un respeto absoluto por este astro, al que llamaban Noh Ek (la gran estrella), y calculaban sus ciclos sinódicos con una precisión que ya quisieran muchos ordenadores de los años 80. Ver hoy en día esa misma conjunción, sabiendo que estamos observando el mismo fenómeno que quitaba el sueño a los astrónomos de Palenque o Chichén Itzá, genera una conexión histórica brutal. La Luna lucirá como una uña delgada y brillante, y justo al lado, Venus brillará con esa intensidad casi hipnótica que lo caracteriza.

21 de junio: El equilibrio del Cuarto Creciente y el Solsticio

Llegamos al 21 de junio, una fecha doblemente especial. Por un lado, la Luna alcanza su fase de Cuarto Creciente, mostrando exactamente la mitad de su disco iluminado. Por el otro, entramos oficialmente al solsticio de verano en el hemisferio norte.

Científicamente, el Cuarto Creciente es el mejor momento para observar la Luna con telescopio o binoculares. ¿Por qué? Por la línea del terminador, que es la frontera entre el día y la noche en la superficie lunar. En esa zona, la luz del Sol incide de forma rasante, proyectando sombras kilométricas en las paredes de los cráteres como Copérnico o Tycho. Es ahí donde la Luna deja de verse plana y revela su verdadera naturaleza tridimensional y accidentada. Por cierto, hablando de cosas raras que a veces uno encuentra investigando: hace tiempo leí una teoría de un aficionado que decía que el Cuarto Creciente afectaba las telecomunicaciones satelitales. Una total jalada, por supuesto, no hay ningún fundamento físico en ello; la gravedad de la Luna no cambia por cómo le pegue la luz del Sol.

29 de junio: La espectacular Luna Llena de junio

Casi cerrando el mes, el 29 de junio la Luna se coloca en oposición al Sol, mostrándonos su cara visible iluminada al 100%. En el folclor norteamericano se le conoce tradicionalmente como la “Luna de Fresa”, no porque se vaya a poner de color rojo o rosa (¡ya los veo reclamando en redes sociales!), sino porque coincidía con la época de cosecha de estos frutos para las tribus algonquinas.

Desde el punto de vista de la observación con telescopio, la Luna Llena es curiosamente la menos interesante porque la luz frontal elimina todas las sombras y borra los detalles de los cráteres. Sin embargo, verla salir por el horizonte este, justo cuando el Sol se oculta por el oeste, es un espectáculo óptico tremendo debido a la ilusión lunar (ese efecto psicológico que hace que nuestro cerebro la perciba gigantesca cuando está cerca de objetos terrestres como montañas o edificios).

30 de junio: Broche de oro con Marte, Urano y las Pléyades

Para despedir el mes, el cielo nos regala una carambola cósmica de tres bandas. Marte se moverá para alinearse en una misma región del cielo con el esquivo planeta Urano y, nuevamente, el cúmulo de las Pléyades.

Aquí sí van a necesitar ayuda óptica obligatoria si quieren ver el cuadro completo. Mientras que Marte y las Pléyades se identifican a simple vista, Urano es otra historia. Situado a casi 3,000 millones de kilómetros de nosotros, este gigante de hielo apenas ronda la magnitud 5.8 en la escala de brillo astronómico, lo que significa que bajo cielos urbanos es completamente invisible al ojo humano. Con unos binoculares apuntando hacia Marte, busquen un diminuto punto con un sutil tono verde azulado. Ese color tan particular se debe al metano presente en su atmósfera, que absorbe la luz roja del Sol y refleja la azul. Lograr captar en un mismo campo visual el rojo de Marte, el azul de las Pléyades y el verde de Urano es la manera perfecta de cerrar un mes que, astronómicamente hablando, ha sido una auténtica obra de arte.

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