El Equilibrio Hidrostático y la forma de los planetas y estrellas

por Angel Salazar

Como divulgador de astronomía, me toca estar en conferencias, transmisiones en vivo y hasta con mis amigos y conocidos contestando dudas existenciales sobre el espacio. Pero sin duda, una de las preguntas que más me hacen —ya sea en los comentarios de mis videos o cuando me abordan personalmente— es: “Oye, ¿por qué los planetas son redondos y los asteroides parecen papas o tienen formas tan alargadas e irregulares?”. El secreto está en el Equilibrio Hidrostático.

Es una pregunta fascinante porque la respuesta no es un simple “porque sí”. Tiene que ver con una coreografía de fuerzas que ocurre a escalas masivas. Para explicárselo a mi hijo, suelo aplicar la técnica del balón de futbol. Le digo que imagine el aire dentro del balón empujando hacia afuera con la misma fuerza en todas direcciones; eso es lo que lo mantiene inflado y esférico. En el espacio, ocurre algo similar, pero al revés: la gravedad empuja hacia adentro con la misma intensidad desde todos los puntos, a menos, claro, que el objeto rote muy rápido y esa fuerza lo haga “perder la línea” y deformarse un poco.

En el mundo de la astrofísica, a este fenómeno le llamamos equilibrio hidrostático, y es el responsable de que el universo no sea un desorden de escombros flotantes sin forma y dispersos.

el equilibrio hidrostático dicta la forma de los cuerpos mas grandes por su gravedad

La gravedad: el escultor impaciente del universo

La gravedad es una de las 4 fuerzas fundamentales del universo, y como tal, es la responsable de muchos de los fenómenos físicos mas impresionantes del cosmos.

Imagina que tienes una enorme masa de gas y polvo flotando en el vacío. La gravedad, esa fuerza persistente que descubrió Newton y que Einstein redefinió como la curvatura del espacio-tiempo, no se anda con juegos: su único objetivo es jalar todo hacia el centro. Si no hubiera nada que la detuviera, todos los objetos colapsarían en un punto infinitamente pequeño.

Aquí es donde entra el equilibrio hidrostático. Para que una estrella como nuestro Sol no se aplaste a sí misma, necesita algo que empuje de vuelta hacia afuera. En las estrellas, ese “empujón” es la presión térmica y de radiación generada por la fusión nuclear en su núcleo. Es un estira y afloja constante.

  • Si la gravedad gana: El objeto se encoge (colapso estelar).
  • Si la presión interna gana: El objeto se expande (como cuando una estrella se convierte en gigante roja).
  • Si empatan: Tenemos una esfera perfecta, o casi perfecta.

¿Por qué los asteroides son “deformes” y los planetas no?

Aquí es donde entramos en terrenos de la Unión Astronómica Internacional (UAI). Seguramente recuerdan aquel drama de 2006 cuando Plutón fue “degradado” a planeta enano. Una de las condiciones que la UAI puso sobre la mesa para que un objeto sea considerado planeta es que tenga suficiente masa para que su propia gravedad supere las fuerzas de cuerpo rígido.

En palabras más sencillas: tienes que ser tan pesado y masivo que la roca y el hielo de los que estás hecho no aguanten la presión y se vuelvan maleables, permitiendo que la gravedad te moldee como una bola de plastilina.

Los asteroides, como el famoso Eros o el visitante interestelar ‘Oumuamua, son “flacos” en términos cósmicos. No tienen la masa suficiente para que su gravedad venza la resistencia de la roca sólida. Por eso se quedan con formas de cacahuate o de papa. En cambio, objetos del catálogo Messier o nuestras propias lunas grandes (como Ganímedes o Titán), ya pasaron por ese proceso de “redondeo”.

Dato de experto: Existe algo llamado el “límite de Potato” (sí, literalmente el límite de la papa). Es el umbral de tamaño (aproximadamente 400-600 km de diámetro, dependiendo de la composición) por encima del cual un cuerpo celeste deja de ser irregular para volverse esférico debido al equilibrio hidrostático.


Estrellas: El motor nuclear que no se apaga

En las estrellas, el equilibrio es un asunto de vida o muerte. Tomemos al Sol. En su núcleo, la temperatura alcanza los 15 millones de grados Celsius, lo suficiente para que los núcleos de hidrógeno se fusionen y formen helio. Esta reacción libera una cantidad de energía brutal.

Si el Sol fuera más masivo, la gravedad sería más fuerte y necesitaría quemar combustible más rápido para mantener el equilibrio. Por eso, estrellas masivas como Betelgeuse (en la constelación de Orión) viven rápido y mueren jóvenes. Cuando una estrella agota su combustible, el equilibrio hidrostático se rompe. La gravedad finalmente gana, y dependiendo de la masa, podemos terminar con una enana blanca, una estrella de neutrones o el objeto más enigmático del cosmos: un agujero negro.


La rotación: Cuando la esfera se pone “gordita”

Ahora, no todo en el cielo es un círculo perfecto de geometría de secundaria. La rotación mete su cuchara. Como le explico a mi hijo con el balón, si haces girar algo muy rápido, la fuerza centrífuga empuja el material hacia afuera en el ecuador.

  • Saturno y Júpiter: Son los reyes del “achatamiento”. Si los ves por un telescopio decente, notarás que no son círculos perfectos; se ven un poco aplastados de los polos.
  • La Tierra: Nosotros tampoco nos salvamos. Nuestro planeta es un esferoide oblato. El diámetro en el ecuador es unos 43 kilómetros más largo que el de polo a polo. ¡Estamos un poquito panzones por la rotación!
  • Achernar: Si quieren ver un caso extremo, busquen la estrella Achernar (Alpha Eridani). Gira tan rápido que su diámetro ecuatorial es un 50% más grande que el polar. ¡Parece un huevo de pascua cósmico!

¿Por qué debería importarnos esto a los que estamos aquí abajo?

Podría parecer que hablar de equilibrio hidrostático es solo para gente con doctorado en la NASA, pero la realidad es que entender este balance es lo que nos permite buscar vida en otros mundos. Gracias a estos modelos, los astrónomos que estudian exoplanetas (planetas fuera de nuestro sistema solar) pueden determinar si un mundo recién descubierto es rocoso como la Tierra o un gigante gaseoso, solo conociendo su masa y su radio.

Además, nos da una lección de humildad. El equilibrio hidrostático no es eterno. Algún día, dentro de unos 5,000 millones de años, nuestro Sol perderá esta batalla. Se expandirá, devorará los planetas interiores y finalmente colapsará. Somos testigos de un momento de estabilidad increíblemente afortunado en la historia del universo.

Entender por qué las cosas son redondas allá arriba es entender las reglas del juego en el que todos estamos metidos. Así que, la próxima vez que veas la Luna llena, recuerda que no es un círculo por casualidad, sino el resultado de una pelea épica entre la gravedad y la materia que, por ahora, ha quedado en un empate técnico.

Bibliografía

Unión Astronómica Internacional (IAU): En su sección oficial sobre la definición de planetas y cuerpos menores, la autoridad máxima en astronomía detalla los criterios de masa y equilibrio hidrostático que separan a un planeta de un simple asteroide.

NASA Science – Stars 101: Este recurso interactivo sobre el ciclo de vida de las estrellas profundiza en la mecánica interna de los soles y cómo la presión de radiación combate el colapso gravitatorio durante millones de años.

Agencia Espacial Europea (ESA): A través de su portal educativo, ofrecen una guía clara sobre la naturaleza y forma de los asteroides, explicando por qué la falta de masa les impide alcanzar el equilibrio esférico.

The NASA Hubble Messier Catalog: Una excelente referencia visual y técnica en la guía de objetos Messier para observar cómo la gravedad moldea estructuras masivas como cúmulos globulares y nebulosas planetarias.

Britannica – Hydrostatic Equilibrium: Para quienes buscan el fundamento físico-matemático, esta entrada sobre equilibrio hidrostático explica la ecuación básica aplicada tanto a atmósferas planetarias como a interiores estelares.

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