Cuando era niño, pasaba horas colgado de la ventana viendo a la Luna, especialmente cuando estaba en cuarto menguante o creciente. Me quedaba fascinado con esa línea de sombra que separa el día de la noche lunar —el terminador, como aprendí después— y siempre, de forma casi terca, imaginaba que algún día se verían luces de ciudades titilando en ese lado oscuro. Me parecía lo más lógico del mundo que, si nosotros estábamos aquí, alguien ya debería estar allá “prendiendo el foco”. Pues hoy, esa fantasía infantil está dejando de ser un dibujo en mi cuaderno para convertirse en una hoja de ruta de la NASA y sus aliados. Estamos viviendo un hito sorprendente para la capacidad humana con el programa Artemis (Artemisa), y la misión Artemis II es el banderazo de salida real para que nuestra especie deje de ser visitante ocasional y se convierta en residente del sistema solar.
Ya veremos si esto logra cambiar nuestra perspectiva de especie, o si seguimos con las mismas broncas de siempre, pero de que es emocionante, ¡y vaya que lo es!
El Salto de fe: ¿Qué es realmente Artemis II?
Para quienes no han estado pegados a las noticias de Cabo Cañaveral, Artemis II no es un “remake” de las misiones Apollo de los años 60. Aquello fue una carrera de velocidad; esto es una carrera de resistencia. Mientras que Artemis I fue una prueba sin tripulación para ver si el gigantesco cohete SLS (Space Launch System) y la cápsula Orion no se despedazaban en el intento, la fase II lleva a cuatro humanos a bordo.
Hablamos de Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen. Ellos no van a aterrizar todavía —eso le toca a Artemis III—, pero van a realizar una trayectoria de inyección trans-lunar que los llevará a unos 10,000 kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna. Es la prueba de fuego para los sistemas de soporte vital. Imagínate la presión: si algo falla en el reciclaje de oxígeno o en los escudos térmicos durante el reingreso a 40,000 km/h, no hay una “grúa” espacial que pase por ellos.

De la “Pequeña visita” a la Base Permanente
Lo que hace que me hierva la sangre de entusiasmo es el objetivo a largo plazo: el Artemis Base Camp. A diferencia de Neil Armstrong y Buzz Aldrin, que hicieron una “visita de doctor” de apenas unas horas, la intención ahora es establecer una base permanente, probablemente cerca del Cráter Shackleton en el Polo Sur lunar.
¿Por qué ahí y no en el Mar de la Tranquilidad donde todo empezó? Porque en los polos hay algo que vale más que el oro: hielo de agua en cráteres de sombra eterna. Ese hielo no solo sirve para que los astronautas se echen un vaso de agua; mediante electrólisis, podemos separar el hidrógeno y el oxígeno para fabricar combustible de cohetes. La Luna se convertiría en nuestra “gasolinera” para llegar a Marte.

Además, está el tema de la Gateway, una pequeña estación espacial que orbitará la Luna. Será como una parada de camión interestelar. La idea es que la cápsula Orion se acople a la Gateway, y de ahí los astronautas bajen a la superficie en un módulo de aterrizaje (el Starship de SpaceX, que ha tenido sus altibajos pero ahí va). Es ingeniería de punta que hace que las computadoras de las Apollo parezcan calculadoras de bolsillo de esas que salían en las cajas de cereal.
El Sueño: Turismo en la Luna
Aquí me pongo un poco sentimental. Imagínate cuando estemos viejos y tal vez, solo tal vez, podamos tener acceso a un viaje turístico a la Luna. Sé que suena a locura de Elon Musk, pero viendo la velocidad a la que avanza la tecnología de cohetes reutilizables, por lo menos espero que a mis 80 años aún pueda viajar. ¿Te imaginas ver la “salida de la Tierra” desde el horizonte lunar mientras te tomas un café (o un atole y una guajolota, mis paisanos me entenderán)?
A veces me da “muina” pensar que nos tardamos tanto en regresar. Han pasado más de 50 años desde la última vez que un humano pisó el regolito lunar. Pero Artemis II es el recordatorio de que esta vez vamos en serio. No vamos a clavar una bandera y salir corriendo; vamos a aprender a vivir en un mundo donde la gravedad es de 1.62 m/s^2 y donde el polvo lunar (el abrasivo y traicionero regolito) se mete hasta en las ideas.
