Actualmente, hablar de alimentación ya no implica únicamente nutrición. Para muchas personas, comer también se relaciona con emociones, estrés, ansiedad e incluso con la manera en la que perciben su cuerpo. Vivimos en una sociedad acelerada donde es común comer rápido, mientras “scrolleamos” distraídos o al utilizar la comida como una forma de regular las emociones difíciles. En este contexto, cada vez se vuelve más importante promover, y aplicar estrategias de autocuidado que permitan desarrollar una relación más saludable y consciente con la alimentación.
Una de estas estrategias es el mindful eating o alimentación consciente. De acuerdo con Kristeller y Wolever (2011), esta práctica consiste en prestar atención plena al acto de comer, reconociendo sensaciones físicas, emociones y pensamientos asociados con la alimentación. Más allá de seguir dietas estrictas o prohibiciones alimentarias, el mindful eating busca fortalecer la conciencia corporal y la conexión con las señales internas de hambre y saciedad.
Este tema resulta especialmente relevante en etapas de desarrollo como la infancia, y la adolescencia: etapas en las que ocurren múltiples cambios físicos, emocionales y sociales. Diversas investigaciones han demostrado que factores como el estrés, la ansiedad y la presión social pueden influir significativamente en los hábitos alimenticios de los jóvenes (Mason et al., 2016). Muchas veces, la comida deja de responder a una necesidad fisiológica y comienza a funcionar como una forma de aliviar emociones incómodas, aunque sea de manera temporal.
Algo que personalmente me impactó al revisar distintos artículos, y durante la implementación de una intervención en una escuela de bachillerato de la UNAM (Taller de eating mindfulness para estudiantes), fue observar cómo varios episodios de “atracones” eran mencionados por los estudiantes después de situaciones de estrés emocional o conflictos familiares. Más allá de la alimentación en sí, comenzaba a hacerse evidente el peso que tienen las emociones en la relación con la comida. En muchos casos, los estudiantes no hablaban de hambre física, sino de ansiedad, frustración, tristeza o sensación de vacío emocional.

Estos hallazgos coinciden con investigaciones que señalan que la alimentación emocional suele funcionar como una respuesta inmediata frente al malestar psicológico, particularmente en adolescentes con dificultades para regular emociones o afrontar el estrés. El neurofisiólogo mexicano Dr. Eduardo Calixto, ha explicado en distintas conferencias que las emociones y el estrés modifican directamente procesos cerebrales relacionados con la conducta, la toma de decisiones y los hábitos cotidianos, incluyendo la alimentación. Asimismo, señala que aprender a reconocer las emociones permite afrontar las situaciones de manera más saludable.
Desde mi perspectiva, uno de los aspectos más valiosos del mindful eating es que no promueve la culpa alrededor de la comida, sino la conciencia. Aprender a identificar cuándo realmente existe hambre física y cuándo lo que se experimenta es ansiedad, estrés o cansancio emocional puede generar cambios importantes en la relación que las personas tienen con la alimentación.
En el ciclo escolar 2025-2026, realicé este taller para identificar cómo se relacionaban los estudiantes con situaciones cotidianas de la alimentación, durante esta corta intervención diagnóstica se encontraron observaciones importantes que podrían investigarse con mayor rigor en estudios posteriores, especialmente en torno a la asociación entre regulación emocional, estrés familiar y conductas alimentarias impulsivas en adolescentes. Honestamente, fue sorprendente notar que tan frecuente aparecía el componente emocional detrás de los hábitos alimenticios de algunos estudiantes. Eso hizo que el proyecto dejara de sentirse únicamente como un tema de nutrición y comenzara a verse también como una cuestión de salud mental y bienestar emocional.
Implementar este tipo de estrategias dentro de espacios educativos puede tener un impacto positivo no solo en la salud física, sino también en el bienestar emocional de los estudiantes. Actividades simples como comer con atención plena, reconocer sabores y texturas o reflexionar sobre las emociones asociadas con la comida pueden ayudar a fortalecer habilidades como la autorregulación emocional, el autocuidado y la conciencia corporal, al respecto, en diversos estudios se ha referido que las prácticas de mindful eating pueden disminuir conductas alimentarias impulsivas y mejorar la relación con la comida (Warren, Smith & Ashwell, 2017).
Aunque no representa una solución única frente a enfermedades como los trastornos de la conducta alimenticia, (TCA), sí constituye una herramienta preventiva accesible y humana, especialmente en una generación donde la salud mental y la relación con el cuerpo se encuentran constantemente influenciadas por redes sociales, estándares estéticos y dinámicas de comparación.
Es así como, el mindful eating nos invita a hacer algo que parece sencillo, pero que muchas veces olvidamos: escuchar al cuerpo. Y quizá, en una sociedad acostumbrada a vivir en automático, aprender a detenerse y comer con conciencia también sea una forma de cuidar la salud mental, y el bienestar integral.
Referencias
- Brewer, J. A., Ruf, A., Beccia, A. L., Essien, G. I., Finn, L. M., van Lutterveld, R., & Mason, A. E. (2018). Can mindfulness address maladaptive eating behaviors? Why traditional diet plans fail and how new mechanistic insights may lead to novel interventions. Frontiers in Psychology, 9, 1418. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.01418
- Eduardo Calixto González. (2020). El perfecto cerebro imperfecto. Aguilar.
- Eduardo Calixto González. (2023). El lado B de las emociones. Aguilar.
- Eduardo Calixto González. (2024). 100 lecciones de neurociencia: Una guía para descubrir los secretos de tus emociones y de tu comportamiento. Aguilar.
- Kristeller, J. L., & Wolever, R. Q. (2011). Mindfulness-based eating awareness training for treating binge eating disorder: The conceptual foundation. Eating Disorders, 19(1), 49–61. https://doi.org/10.1080/10640266.2011.533605
- Mason, A. E., Epel, E. S., Kristeller, J., Moran, P. J., Dallman, M., Lustig, R. H., Acree, M., Bacchetti, P., Laraia, B., Hecht, F. M., & Daubenmier, J. (2016). Effects of a mindfulness-based intervention on mindful eating, sweets consumption, and fasting glucose levels in obese adults. Appetite, 109, 145–154. https://doi.org/10.1016/j.appet.2016.11.017
- Olson, K. L., Emery, C. F., & Mindes, J. (2021). Mindfulness and eating behavior in adolescents: A systematic review. Mindfulness, 12(5), 1154–1167. https://doi.org/10.1007/s12671-020-01577-7
- Warren, J. M., Smith, N., & Ashwell, M. (2017). A structured literature review on the role of mindfulness, mindful eating and intuitive eating in changing eating behaviours. Nutrition Research Reviews, 30(2), 272–283. https://doi.org/10.1017/S0954422417000154
