Con cada cohete que enviamos al espacio, nos encerramos un poco más aquí en la Tierra. Desde el inicio de la exploración espacial, con el lanzamiento de los primeros satélites artificiales, el espacio comenzó a ser un entorno más alcanzable y cotidiano. Pero, con el tiempo, nos estamos enfrentando a un problema que es más preocupante cada día: la basura espacial. ¡Te cuento lo que ocurre!

¿Cómo se origina la basura espacial?
Cuando se lanza una misión espacial, tenemos varios elementos a considerar:
- Una carga útil, que es aquello que quiere enviarse: satélite, o tripulación.
- Un cohete, que en términos muy sencillos, es el vehículo que hace posible que dicha carga útil llegue al espacio.
Al momento del despegue, comienza una serie de pasos para que la carga útil llegue a su lugar. Conforme se avanza en este proceso, se van descartando piezas del cohete que ya cumplieron con su objetivo: los propulsores del cohete (si los hay) cuando agotaron su combustible; el carenado (la cubierta cónica de la punta, que protege a la carga útil); entre otras. Estas piezas, salvo en algunos modelos recientes de cohetes, son desechables.
Esto nos dice que pueden tener dos destinos:
- Desintegrarse en la atmósfera al momento de reingresar a ella, por efecto de la presión aerodinámica y la inmensa cantidad de calor asociado a ello. Puede ser desintegrada por completo, o que una parte de la pieza aún llegue intacta al suelo (u océano, según corresponda).
- Permanecer orbitando nuestro planeta, fuera de control, pues se ha convertido en lo que nos tiene en este tema: basura espacial.
Por definición, la basura espacial engloba cualquier objeto artificial sin utilidad que orbita la Tierra, incluyendo satélites inactivos, restos de cohetes y fragmentos de colisiones que pueden ser originadas de una de las siguientes 9 formas, desde fallas eléctricas, hasta destrucción deliberada.

¿Quién monitorea la basura espacial?
Se trata de un problema global, y un trabajo conjunto.
La Agencia Espacial Europea (ESA) realiza un reporte anual sobre las condiciones actualizadas de la basura espacial en la órbita. En la siguiente gráfica, se muestra la evolución de la cantidad de fragmentos de basura espacial en órbita, según su tipo. En color azul oscuro, vemos carga útil; en color azul claro, carga útil que fue fragmentada por el impacto de otros objetos; en color amarillo, fragmentos de cohetes; y en color blanco, fragmentos de origen desconocido.

Dato curioso: ¿Observas que, repentinamente, la barra en color azul claro se incrementó de forma desproporcional a los años previos? Sucedió que, en 2007, el satélite chino FengYun-1C fue destruido intencionalmente y este evento incrementó en 25% la cantidad de objetos espaciales en órbita. Sucesos como este, nos muestran lo delicado que es el entorno espacial, y lo imposible de tenerlo bajo control total.
Todo objeto que se encuentra orbitando nuestro planeta está monitoreado y registrado en el catálogo de la Red de Vigilancia Espacial de EE.UU., que abarca objetos de más de 5-10 cm en órbita terrestre baja (LEO) y de 30 cm a 1 m en altitudes geoestacionarias (GEO).
¿Cuánta basura espacial existe hoy en día?
Es gracias a los registros mencionados sabemos que, hasta abril 2025, hay 28,160 objetos espaciales en la órbita terrestre, de más de 5 cm.
De estos, sólo una pequeña fracción —unos 4000— son satélites intactos y operativos en la actualidad.
El resto, son basura espacial.
Es decir, sólo poco más del 14% de lo que existe en la órbita terrestre, funciona.
¿Se está haciendo algo al respecto?
Sí. La basura espacial en órbita son fragmentos fuera de control. El mayor riesgo de esto son las colisiones y la destrucción de otros objetos, operativos y no operativos, generando cada vez más basura y saturando la órbita.
Esto implicaría que, en algún momento, dejaría de ser viable enviar más satélites o más misiones, pues el riesgo de colisión con basura espacial sería bastante alto para cualquier objeto nuevo.

Nos estamos adentrando en un punto de no retorno. Incluso si detuviéramos todos los lanzamientos de misiones el día de hoy, las colisiones continuarían hasta saturar de fragmentos toda la órbita. Esperar a que la atmósfera degrade toda esta basura espacial por arrastre gravitacional no es viable, pues para esto tardaríamos varias generaciones.
Las soluciones que actualmente se proponen incluyen:
- Proyectos de limpieza espacial de forma activa. Generar naves o maquinaria que puedan recorrer la órbita y capturar la basura espacial para sacarla de órbita.
- Que los nuevos satélites incluyan protocolos para gestionar su salida de órbita al término de su vida útil. Este esfuerzo ya se ha realizado, y el índice de éxito va en aumento.

¿Podemos hacer algo como humanidad?
A nivel civil, no nos corresponde.
Nuestro papel se enfoca, más bien, en comprender la magnitud de este problema y exigir que se destine presupuesto a su solución, así como fomentar la exigencia de que cada empresa responsable de un satélite se encargue de retirarlo de la órbita de forma segura.
El espacio comienza a comportarse como lo que realmente es: un recurso limitado y frágil.
Evitemos que observar las estrellas y ver misiones espaciales se convierta en un recuerdo.
El escenario más extremo de este problema lo abordaremos en una siguiente entrada.
